Como influye lo que comemos a nuestra salud mental
Un nuevo estudio asegura que la dieta puede influir en la salud mental y el bienestar, pero advierte de que la evidencia de muchas dietas es bastante débil.
Para nadie es desconocido que comer sano trae múltiples beneficios para el estado físico. Pero la relación entre una nutrición adecuada y la salud mental no resulta tan obvia, en circunstancias de que una buena alimentación sí es muy importante y está estrechamente ligada a muchos procesos cerebrales.
Hoy en día, prácticamente todo el mundo es consciente de que mantener unas pautas de alimentación saludables repercute directamente en nuestra salud física y en la prevalencia de enfermedades. Sin embargo, una de las incógnitas que ha preocupado al sector científico ha sido el impacto que tienen las dietas en la salud mental y en el desarrollo de enfermedades como la depresión.
¿Puede empeorar o mejorar nuestra salud mental según la dieta que hagamos? Cada vez aparecen nuevos estudios que parecen avalar y relacionar científicamente esta teoría. ¿Una mala nutrición puede desarrollar depresión?
La evidencia es débil
Un nuevo estudio, asegura que la dieta puede influir de forma significativa en la salud mental y el bienestar, pero advierte de que la evidencia de muchas dietas es débil.
Existe una creciente evidencia de un vínculo entre una dieta pobre y el empeoramiento de los trastornos del estado de ánimo, incluida la ansiedad y la depresión. Sin embargo, muchas pruebas comunes sobre los efectos de ciertos alimentos sobre la salud no están respaldadas por evidencia sólida.
Aunque existen algunas áreas donde la relación entre la dieta y la salud mental está corroborada, como es el caso de que la falta de vitamina B12 puede llegar a provocar problemas de memoria o depresión, no existen suficientes evidencias científicas para demostrarlo.
Existen síntomas, pero es complicado demostrarlo
Resulta complicado demostrar que algunas dietas o elementos nutricionales afecten de forma positiva o negativa a la salud mental. Con el TDAH, por ejemplo, podemos comprobar que un aumento en la cantidad de azúcar refinada en la dieta parece aumentar la hiperactividad, mientras que comer más frutas y verduras frescas parece proteger contra estos síntomas. Pero hay relativamente pocos estudios, y muchos de ellos no duran lo suficiente como para mostrar efectos a largo plazo.



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